Se publica por primera vez un manuscrito de 1783 del boticario de Silos Fray Isidoro Saracha, que recomendaba sustituir el azúcar por la miel para llevar una alimentación saludable.

En los últimos años los científicos han coincidido en la idea de que el azúcar es uno de los principales responsables de la enfermedad cardiovascular, y que sus efectos nocivos han sido voluntariamente memorizados y atribuidos a un chivo expiatorio: las grasas. No obstante existe alguien que podría decir “ya os lo dije”, si no fuera porque murió hace 213 años: Fray Isidoro Saracha, monje benedictino y botánico que ejerció como boticario del Monasterio de Santo Domingo de Silos desde 1745 a 1803. En su obra Economía médico-salutífera, escrita en 1783, Saracha recomendaba algo muy sencillo pero definitivo: menos azúcar y más miel.

El manuscrito de Saracha ha permanecido inédito hasta ahora. Gracias a la labor del experto en paleografía y exarchivero de Silos: Miguel Carlos Vivancos y del geógrafo y periodista ambiental César-Javier Palacios, la obra del monje ha visto por fin la luz en una edición que se ha presentado recientemente. El manuscrito ha sido publicado por la editorial La Trébere y viene prologado por Odile Rodríguez de la Fuente, bióloga y directora de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente.

Un nutricionista antes de la hora

Nacido en Casalarreina (La Rioja) en 1733, Saracha se dedicó a la botánica y convirtió la botica de Silos en una de las más importantes de su época. Su correspondencia con el Real Jardín Botánico y con expertos de otros países europeos le ganaron el reconocimiento de sus colegas. Hoy un género de plantas andinas lleva su nombre, Saracha, un gesto que le dedicaron los botánicos José Pavón e Hipólito Ruiz durante la Expedición Botánica al Virreinato del Perú en 1777.

El monje tenía una inquietud no tan frecuente en su época: la alimentación saludable, una preocupación que no se generalizaría hasta el siglo XX. Según cuenta Palacios, fue un permiso de dos meses de su régimen de clausura el que le permitió visitar los Reales Hospitales en Madrid. Allí comprobó que a los pacientes se les suministraba un exceso de azúcar, algo que él creía perjudicial frente a la opción más sana de la miel.

“Saracha se lo comentó al responsable de los Reales Hospitales, el Duque de Híjar, y éste le aconsejó escribir un libro, ya que sería de mucho interés para los médicos”, recuerda Palacios. Así que el monje se puso manos a la obra: a su experiencia como boticario añadió todos los libros que pudo comprar con sus escasos recursos. Se apoyó en conocimientos ya presentes en la ciencia de entonces, pero también en la idea, inspirada por su vocación religiosa, de que Dios había dispuesto una inmensa botica en la naturaleza para que los pobres tuvieran acceso a los remedios contra sus enfermedades.

Dos siglos de olvido

Saracha trató de poner en valor un producto autóctono; de hecho, la referencia más antigua que hoy se conoce de la recolección de miel es una pintura de hace 8.000 años en las Cuevas de la Araña de Valencia. Pero además, durante su labor propuso la puesta en marcha de una red de científicos al mando de pequeños jardines botánicos comarcales.

Sin embargo, el manuscrito no obtuvo el éxito esperado. A pesar de que el Duque de Híjar se empeñó en dar a conocer la obra de Saracha, los médicos de la época no estaban muy dispuestos a escuchar los consejos de “un monje palurdo” que recomendaba sustituir el azúcar por la miel en los hospitales. El volumen quedó inédito en el archivo del monasterio.