El tratamiento, una obligación legal

El ácaro Varroa es un parásito externo de las abejas melíferas. Originalmente confinado en Asia sobre la abeja Apis cerana, se ha diseminado por todo el mundo sobre la abeja occidental Apis mellifera. Varroa destructor se encontró por primera vez en Europa Occidental a finales del año 1970, y como todos sabemos, este parásito constituye una de las principales amenazas para nuestras abejas, causando la varroosis. Esta infestación ha causado grandes pérdidas económicas y medioambientales y continúa siendo el principal problema sanitario en nuestros colmenares, tanto por las resistencias encontradas a diferentes tratamientos como en la dispersión de infecciones secundarias ligadas al parásito. Tanto es así que la legislación actual obliga a los apicultores a realizar, al menos una vez al año, un tratamiento frente a este parásito.

Una vida a lomo de abeja

El ciclo de vida completo de este parásito ocurre dentro de las colmenas, realizando la fase reproductiva en la cría operculada y una fase de transporte en la abeja adulta. Para reproducirse la hembra adulta de Varroa se introduce dentro de la celda de cría con larva justo antes de ser operculada.

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Tiene preferencia sobre la celda de zángano aunque también se reproduce en la cría de obrera. El primer huevo que pone la hembra de Varroa siempre es macho (incapaz de vivir fuera de la celda), y este fecunda a las hijas emergidas del resto de huevos (entre 4-5 huevos hembra).

El número de hembras adultas fértiles de Varroa criadas en celdillas de obrera varía entre 1,7 a 2, y se incrementa entre 2 y 3 en las celdillas de zángano debido a su periodo de desarrollo más largo. En invierno, cuando la puesta es escasa, los ácaros se solapan entre los anillos abdominales de la abeja y sobreviven hasta que comienza el desarrollo de la puesta en primavera.

Consejos de actuación

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Un tratamiento después de la época de cría y justo después de la cata, asegurará una disminución de los niveles de parasitación. Este es el objetivo del tratamiento que nosotros denominamos de “otoño”, pero que algunos apicultores realizan nada mas catar la colmena (dependiendo de la zona, desde junio hasta septiembre). Cuanto antes se realice este tratamiento “postcria” de la abeja, el efecto nocivo de los ácaros sobre la abeja adulta será menor, y por tanto la supervivencia invernal y el vigor de la colmena a la siguiente primavera, serán mayores. Por ejemplo, si catamos en junio debemos tratar las colmenas al mismo tiempo que sacamos los cuadros con miel. De esta forma bajaremos la carga parasitaria bastante temprano evitando que las varroas supervivientes dañen en demasía a las abejas adultas, que serán las responsables del vigor de la colmena a la siguiente primavera.

El objetivo del tratamiento de primavera es el de bajar la carga de Varroa justo antes del comienzo de la cría de las abejas. De este modo, al bajar la carga parasitaria, el número de varroas que se reproducirán será menor y por tanto bajaremos de nuevo el porcentaje de parasitación. Aún así debemos tener en cuenta que, dependiendo de las condiciones meteorológicas y de floración de cada año, el desarrollo y el estado de la colonia afecta al incremento de la población de ácaros, que puede incrementarse de 12 a 800 veces más su número. Un seguimiento de la parasitación por Varroa sp. es necesario en todos nuestros colmenares para garantizar un estado optimo de los mismos.

 Bibliografía consultada:
Managing Varroa. 2005. National Bee Unit. Central Science Laboratory. Reino Unido.

Marino García Montijano, veterinario de APISCAM.